El teatro español desde 1939
La evolución del teatro español, estuvo determinada por la Guerra Civil y sus consecuencias. En el teatro comercial predomina aun el melodrama, la comedia burguesa y humorística, la revista, zarzuela, las variedades… Pero con el paso del tiempo va surgiendo un público más crítico, sobre todo en ámbitos universitarios. Este gusta de obras que se muestren en desacuerdo con la realidad social. En los años cuarenta irrumpió el teatro realista, el cual convive con el de autores en el exilio; en los cincuenta surgió el teatro de vanguardia; en los sesenta y setenta hay una gran renovación formal y se busca la experimentación; y por último, después de 1975, aunque terminada la dictadura y eliminada la censura parecía que se abriría una etapa prometedora, no fue así; la crisis del teatro se hizo bastante evidente, así surgió el teatro neorrealista.
Tras la Guerra Civil, continuó la dramaturgia anterior a la contienda y predominó un teatro de evasión. El teatro de posguerra consistía en el entretenimiento del público y trasmitía ideología. Sufría una férrea censura por parte del Estado y la Iglesia y, por consiguiente, desarrolló la autocensura en los dramaturgos; destaca también por su producción abundante y mediocre. Se distinguen tres tipos en la década de los cuarenta:
La comedia burguesa, que se caracteriza por la perfecta construcción y por su intrascendencia, con dosis de humor, ternura y amabilidad. Destacan el Nobel Jacinto Benavente (Los intereses creados) y José Mª Pemán.
El teatro de humor, alejado de la realidad. Dos grandes autores de este teatro son: Jardiel Poncela y Miguel Mihura. Tres sombreros de copa estrenada en 1952, veinte años después de ser escrita, es una comedia que satiriza la rutina y mediocridad de la burguesía de provincias y la no menos miserable vida del teatro de variedades; Mihura enfrenta dos concepciones de la vida: la vida burguesa y cómoda y típica de Dionisio y la vida poética y libre de Paula.
Teatro en el exilio: presenta diferencias estéticas con el cultivado en España. Dos grandes autores fueron Max Aub y Alejandro Casona. El primero publica en 1942 “San Juan”. La obra plantea las vicisitudes de un contingente de emigrados judíos que huyen de los nazis en un barco, el “San Juan”, y que no logran ser recibidos en ningún puerto. El segundo estrena en Buenos Aires La dama del alba (1944), en la que la muerte viene representada en el papel de una peregrina.
En los años cincuenta las obras del teatro realista pretenden manifestar su oposición a la dictadura, se caracterizan por la complejidad de los espacios escénicos y la profundización en los caracteres de los personajes. Plantean temas como la injusticia social, la explotación o la vida de los humillados. Alfonso Sastre escribe Escuadra hacia la muerte, y Lauro Olmo La camisa, pero sobresale Antonio Buero Vallejo, el cual desarrolla su obra a lo largo de tres etapas: existencial (Historia de una escalera), la que refleja un mundo gris plagado de frustraciones repetidas de generación en generación; social (El concierto de San Ovidio), que denuncia el abuso hacia un grupo de ciegos en el París previo a la Revolución, y de innovación (La fundación), en la que los condenados a muerte viven rodeados de lujo.Antonio Buero Vallejo buscó la moderna tragedia española y sus obras constituyen una síntesis de realismo y simbolismo. Emplea el fenómeno de inmersión, que consiste en un intento de incorporar al espectador, introduciéndolo en el mundo interno del protagonista.
En cuanto a las vanguardias, herederos del teatro del absurdo y del teatro de la crueldad, dos autores españoles, Fernando Arrabal y Francisco Nieva han creado originales dramaturgias con dificultades de aceptación en el panorama teatral español.
Sus obras destacan por la elementalidad escénica y un final trágico. El teatro pánico (del griego ‘pan’, todo) de Arrabal se caracteriza por la confusión, el humor, el terror, el azar, y la euforia. Alguno de sus temas son la religión y la sexualidad, la política, el amor y la muerte. El cementerio de automóviles presenta una sociedad moribunda.
La producción de Francisco Nieva conecta directamente con el teatro del absurdo. El tema básico de sus obras es la represión de la sociedad, aunque abunda el de la transgresión, el erotismo, la España negra y la religión. Se desarrolla en tres vertientes diferentes: teatro furioso, teatro de farsa y calamidad, y teatro de crónica y estampa. Destacan Pelo de tormenta y Malditas sean Coronada y sus hijas.
Ambos continúan estrenando en la década siguiente. En los años sesenta y setenta continúa estrenándose un teatro comercial, esta nueva comedia es un teatro inmovilista, que repite esquemas del pasado, con personajes alejados de las circunstancias sociales del momento. Destacan Alfonso Paso (Los pobrecitos), Jaime de Armiñan (Eva sin manzana), Jaime Salom (El mensajero), Juan José Alonso Millán (Pecados conyugales), Antonio Gala (Los verdes campos del Edén) o Ana Diosdado (Anillos de oro), pero escriben también autores que desarrollan un simbolismo que les sirve para referirse a un ámbito universal, que escriben obras del nuevo teatro, caracterizadas por un acentuado carácter vanguardista, un marcado pesimismo y el uso frecuente de la simbología animal. Su tema principal es el poder opresor. Son autores como José Ruibal: La máquina de pedir o Miguel romero Esteo: Pontifical.
Por otro lado, la independencia del teatro suponía el rechazo del espectáculo conservador mediante la creación de una estética peculiar y un intento de autofinanciación. Así, surgen los “Els Joglars”, “Els Comediants”, “El tricicle” y “La Fura dels Baus”, en Caraluña, o “Aquelarre”, en el País Vasco como señeros en el teatro independiente.
En los años de transición democrática, a partir de 1975, los cambios producidos afectan especialmente al mundo teatral, siendo uno de los acontecimientos más relevantes el surgimiento de un teatro neorrealista y el teatro en la transición. Muchos grupos del teatro independiente no consiguen sobrevivir. La nueva comedia burguesa continúa estrenando obras con regularidad y éxito. Comienza a crearse un teatro neorrealista. Aparece una nueva promoción de dramaturgos denominada “generación del 82” o “generación de la transición”. Los rasgos más destacados de esta producción son: una actitud realista, las obras se entroncan con la tradición teatral española, hay un interés especial por los personajes no integrados, expresan una ruptura de la moral tradicional, frecuentemente se utilizan el humor y la ironía, un recurso habitual es la metateatralidad. Los principales autores son: José Sanchís Sinisterra (¡Ay, Carmela!); José Luis Alonso de Santos (Bajarse al moro); Ignacio Amestoy (Durango, un sueño); Fernando Fernán Gómez (Las bicicletas son para el verano) y Paloma Pedrero (Besos de lobo).
Un importante fenómeno del teatro español posterior a 1975 ha sido la creación de instituciones teatrales que dependen de instancias oficiales, tanto del estado como de las comunidades autónomas o municipios. Así, en 1978 se creó el Centro Dramático Nacional yposteriormente El Centro Nacional de Nuevas Tendencias Escénicas y la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Hacia fines de los años 80 surge una nueva promoción de escritores con formación universitaria: Ernesto Caballero, e Ignacio del Moral, que expresan el desencanto ocasionado por un fracaso.
En los años 90 otro grupo de escritores: Juan Mayorga el cual reflexiona sobre algunos problemas sociales contemporáneos; García May incorpora elementos de otros ámbitos o Angélica Liddel (El Norte).